Todo comenzó en una fiesta de Amalia. Ana se fue al molino, pero ya acabó la fiesta de Amalia. Entonces Amalia llama a Ana. Amalia le dice: Ana, Ana, ¿dónde estás?

—Estoy en el molino.

—Vale, ya voy al molino —contesta Amalia.

Amalia llega al molino.

—El molino está funcionando —dice Ana.

—Entonces, ¿qué podemos hacer?

Y al final se fueron a casa y Amalia le preguntó a su madre qué podían hacer si el molino estaba funcionando. Eran las siete menos cuarto. Y le dijo la madre que a las siete ya podían ir al molino. Y fueron.