Érase una vez un oso que no hacía daño y le preguntó a una niña —en su idioma, claro—. Pero la niña, que se llamaba Ana, no lo entendía. El oso se llamaba María y el oso le perseguía a la niña y la niña preguntó ¿por qué me estás persiguiendo? Y el oso le perseguía porque no sabía su idioma. Entonces, una vez la niña se lo aprendió, se hicieron amigos. Y ellos juntos, y a la osa María no le dejaban entrar a casa, pero ella quería. Pero si entraba a casa, los padres de la niña le decían: aquí no pueden entrar animales. Pero la niña quería que se quedara. Y convenció a sus padres de que María se quedara en casa. Y sus padres se hicieron amigos de María, y la niña le enseñó a los padres el idioma de María, y Ana le enseñó el idioma suyo a María.

